En construcción, casi todos hemos visto lo mismo: una pared que se fisura “sin razón”, una mancha de humedad que aparece donde “todo estaba bien”, o esos polvitos blancos que salen en bloques y muros y la gente llama “salitre”. La mayoría de estas fallas no ocurren por mala suerte. Suelen ser síntomas de algo: diseño incompleto, materiales mal elegidos, ejecución apurada o detalles que se resolvieron “a ojo”.
En este artículo vamos a lo práctico: grietas, humedades y eflorescencias. Qué significan, por qué aparecen, cómo diferenciarlas y qué medidas evitan que se repitan.
1) Grietas y fisuras: no todas son iguales
Primero, una idea clave: una fisura no siempre implica un problema estructural, pero tampoco se debe ignorar. Lo importante es tipo, ubicación, patrón y evolución.
Grietas por retracción (las más comunes)
Aparecen por contracción del material al perder agua (morteros, revoques, concreto). Suelen verse como:
- fisuras finas en “mapa” (craquelado),
- líneas en muros nuevos,
- grietas en losas si hubo curado pobre.
Causas típicas
- curado deficiente,
- exceso de agua en mezcla,
- revoques muy ricos en cemento y sin control,
- viento/sol que secan rápido.
Prevención
- curado correcto (especialmente en los primeros días),
- controlar relación agua/cemento,
- juntas de control en superficies grandes,
- evitar espesores excesivos de una sola vez.
Grietas por asentamiento o movimiento
Se dan cuando el edificio o una parte se mueve respecto a otra:
- asentamientos diferenciales,
- rellenos mal compactados,
- cambios de carga.
Señales
- grietas diagonales cerca de esquinas de puertas/ventanas,
- fisuras que reaparecen tras sellarse,
- diferencia de niveles o “puertas que ya no cierran bien”.
Prevención
- estudio de suelo y cimentación adecuada,
- compactación real de rellenos,
- drenaje del terreno (para que el suelo no cambie por agua).
Grietas por temperatura
El material se expande y se contrae. Si no hay juntas o detalles, la tensión se libera con fisuras.
Señales
- fisuras largas y relativamente rectas,
- frecuentes en cubiertas y fachadas expuestas al sol.
Prevención
- juntas de dilatación bien ubicadas,
- colores y acabados adecuados en exteriores,
- control de espesores y anclajes.
2) Humedades: el problema que casi siempre vuelve si no atacas la causa
La humedad es de las patologías más molestas porque afecta:
- pintura y terminación,
- olores,
- moho,
- durabilidad de materiales y salud del ambiente.
Pero “humedad” no es un diagnóstico. Hay que identificar el tipo.
Humedad por filtración (entra agua desde afuera)
Ejemplos:
- cubierta mal impermeabilizada,
- fisuras en fachada expuesta,
- ventanas mal selladas,
- bajantes con fugas.
Señales
- aparece después de lluvias,
- manchas localizadas,
- goteos o marcas en techo.
Prevención
- impermeabilización correcta con detalles resueltos (encuentros, remates, pendientes),
- sellos y juntas de carpintería bien ejecutados,
- mantenimiento de bajantes y desagües.
Humedad por capilaridad (sube desde el suelo)
Muy común en plantas bajas cuando no hay barrera o está mal hecha. El muro “chupa” agua del terreno.
Señales
- franja húmeda en la base del muro,
- pintura que se despega desde abajo,
- sales y eflorescencias cerca del piso.
Prevención
- barrera antihumedad (DPC) bien diseñada,
- drenaje perimetral donde corresponda,
- elevar el nivel de piso y aislar correctamente.
Humedad por condensación (no entra agua: se forma dentro)
Aparece cuando el aire húmedo toca una superficie fría (pared, techo, cristal) y condensa.
Señales
- moho en esquinas y detrás de muebles,
- goticas en ventanas,
- empeora en noches frías o en locales sin ventilación.
Prevención
- ventilación real (natural o mecánica),
- control de fuentes de humedad (secado de ropa, cocción, baños),
- aislamiento térmico en puntos fríos (puentes térmicos).
3) Eflorescencias: el “polvito blanco” que no es magia
Las eflorescencias son depósitos de sales que aparecen cuando:
- el agua disuelve sales dentro del material,
- esa agua migra hacia la superficie,
- se evapora y deja la sal.
Curiosidad clave: el problema no es la sal, sino el agua moviéndose por el sistema.
Dónde se ven más
- muros de bloque o ladrillo,
- morteros y revoques,
- fachadas sin protección,
- zonas cercanas al suelo (capilaridad).
Causas típicas
- materiales con sales solubles,
- agua de mezcla con contenido de sales,
- falta de barreras contra humedad,
- filtraciones constantes,
- curado y secado descontrolado.
Prevención (lo que realmente funciona)
- cortar la fuente de humedad (drenaje, impermeabilización, barreras),
- usar materiales y agua de calidad donde sea crítico,
- proteger fachadas con detalles de coronación y goterones,
- diseñar y ejecutar juntas correctamente.
Ojo: limpiar eflorescencia sin resolver la humedad es como pintar encima de la mancha: vuelve.
Cómo diagnosticar rápido sin adivinar
Si quieres un “mapa mental” práctico:
- Aparece tras lluvia → filtración.
- Sube desde el piso → capilaridad.
- Moho en esquinas y detrás de muebles → condensación/puente térmico.
- Polvito blanco + humedad → migración de agua + sales (eflorescencia).
Errores típicos de reparación (y por qué fallan)
- Sellar grietas sin saber por qué se forman: reaparecen.
- Pintar sobre humedad: se descascara.
- Impermeabilizar sin pendientes: el agua se queda.
- Usar productos “milagrosos” sin cortar la fuente: se gasta doble.
Checklist preventivo (lo que más evita problemas)
- Curado y control de agua en concretos y revoques.
- Juntas (dilatación y control) bien ubicadas.
- Pendientes y desagües reales en cubiertas.
- Detalles de remate en fachadas (goterones, coronaciones, sellos).
- Barrera antihumedad en contacto con terreno.
- Ventilación y control de condensación en interiores.
Conclusión
Grietas, humedades y eflorescencias no son “mala suerte”: son señales. Si se diagnostica el tipo y se ataca la causa (no solo el síntoma), la obra gana durabilidad y se evita el ciclo eterno de “arreglar, pintar y volver a reparar”. En construcción, prevenir suele ser mucho más barato que corregir.